domingo, abril 17, 2005

Francia: estrategia correcta, táctica equivocada

Francia está preocupada; la cultura francesa se siente en peligro, por culpa esta vez de Google. Una campaña lanzada desde la presidencia de la Bibliothèque Nationale de France alerta de que el masivo esfuerzo de digitalización que llevan a cabo las empresas estadounidenses amenaza con sumergir la cultura europea del futuro, especialmente la que se expresa en lenguas no anglosajonas. Tienen razón; quien no esté representado adecuadamente en la Red no tendrá nada que decir en la dirección que tome la cultura a partir de este momento. Para las culturas y los idiomas Internet es literalmente cuestión de vida o muerte. Pero las respuestas que se proponen no resuelven el problema, que sólo tiene una solución: publicar más y mejor. Inundar la Red, cueste lo que cueste.Jean-Noël Jeanneney, ensayista y presidente de la Bibliothèque Nationale de France (BNF), ha hecho un servicio a su país, su cultura y su idioma llamando la atención sobre la falta de adecuación al futuro de la institución que dirige. Jeanneney se ha mostrado muy preocupado por el proyecto de Google de digitalizar y poner a disposición de la Internet entera 15 millones de libros, porque se teme (con razón) que la mayoría serán de origen anglosajón. Eso significa que cuando alguien busque en la Red un dato histórico, le saldrá en un libro estadounidense; cuando busque una receta de cocina, será (¡horreur!) de allí; cuando necesite arte lo verá desde un prisma anglosajón. El presidente de la BNF no quiere ser hostil al proyecto de Google, y ni siquiera está muy seguro de cómo enfrentarse al problema. Pero ha detectado una amenaza, y esa amenaza es real.
Algunas de las soluciones propuestas carecen de sentido, como la de construir una alternativa europea a Google. Otras medidas, en cambio, están llenas de lógica y razón: la única manera real de evitar que las diversas culturas e idiomas europeos no desaparezcan bajo la marea del inglés es hacer que haya más que llevarse a la mente escrito en esas lenguas. Antes que gastarse el dinero en reinventar la rueda, o en ampliar bibliotecas, habría que gastárselo en eso. Porque los 13 millones de volúmenes de la BNF no bastan. Sólo funcionará publicar y publicar. Y ahí vuelve a asomar su fea cabeza el eterno problema de la industria cultural y su obsesión con la propiedad intelectual y su endurecimiento.
Dificultar y encarecer el acceso a la creatividad no es la mejor manera de fomentar una cultura. Emperrarse en modelos de negocio basados en el cerrojo es un camino seguro hacia la irrelevancia cultural. Limitar por ley el desarrollo de alternativas puede convertirse en el epitafio de una lengua, de una cultura. Los periódicos que cierran sus informaciones, desde el principio o pasado un tiempo, o que limitan su uso; las restricciones a la copia de información en nodos privados y públicos; la tendencia a ampliar las coberturas y la duración de la propiedad intelectual, todo ello es un buen ejemplo de dejación de obligaciones culturales. La persecución judicial no es la manera ideal de tratar a quienes se desea conquistar.
Los ejemplos de abuso de la propiedad intelectual ya abundan tal y como está; si endurecemos esas leyes, so pretexto de reforzar la industria cultural, ponemos en serio riesgo la Cultura. Mientras al mismo tiempo clamamos por iniciativas, inversiones, subvenciones y cuotas para apuntalarla, estamos estrangulando la posibilidad de que nuestro idioma y nuestro modo de ver el mundo tengan algo que decir en el futuro. Si empezamos a digitalizar lo ya publicado masivamente ya; si legislamos protegiendo los derechos de quien desee protegerlos y dejando que los libere quien así lo quiera; si fomentamos la creación de nuevos materiales en y para la Red; si no colgamos espadas de Damocles sobre quienes utilizan Internet... entonces quizá estemos aún a tiempo de evitar que nuestras lenguas y culturas desaparezcan, por el procedimiento de inundar los googles del planeta de ellas. Pero si no, el inglés nos barrerá. Y hará bien, porque nos lo habremos merecido.